Una historia de campo que hoy se proyecta como parque, conservación y encuentro.



La relación familiar con este territorio se extiende por tres generaciones. Con el tiempo, Pitama ha pasado de ser solamente un campo familiar a abrir parte de su paisaje y sus tradiciones a visitantes, colegios, deportistas y comunidad.
El propósito es conservar su carácter rural y natural mientras se construye una forma contemporánea de disfrutarlo y transmitirlo a las próximas generaciones.
El bosque nativo de la zona central es parte esencial del paisaje. Su cuidado, reforestación y recuperación forman parte de la visión de largo plazo del parque.
Más que un elemento del paisaje, aporta agua y refugio y funciona como pieza clave para la vida que se desarrolla alrededor del parque.
Pitama se inserta en un paisaje de alto valor natural de la zona central, vecino al territorio de la Reserva de la Biosfera La Campana–Peñuelas.
Las instalaciones también cumplen un rol comunitario y reciben las reuniones de la junta de vecinos, funcionando como un lugar de encuentro para el sector.
Eventos, visitantes y actividades permiten incorporar productos, artesanos, productores y servicios de la zona. La idea es que el movimiento que genera el parque también beneficie a su entorno.